Analizando a ladrón de autopartes

Observando a un ladrón que ya logro entrar a un automóvil notamos que primero inspecciona el asiento posterior y luego busca en el compartimiento de los guantes.

Si el vehículo está bien surtido de prendas y objetos, normalmente no se lleva todo lo que tiene a la mano, sino únicamente lo más valioso y aquellos objetos que no llamen la atención cuando camine por la calle con ellos; objetos que puedan despertar sospecha por transitar con ellos a esa hora y en ese lugar. Después de seleccionar su mercancía y sin dejar de pensar en estas eventualidades abandona el auto, cierra la puerta y se aleja caminando con toda naturalidad como si fuera el dueño del auto y de todo su contenido.

Por regla general, este tipo de delincuente al huir aprovecha los medios de transporte público. Los agentes han visto que el ladrón se aleja unos cuantos pasos del vehículo robado y detiene un taxi; observaron que tras de prepararse a abordar un vehículo, espera que se aproxime algún taxi, entonces opera rápidamente y abandona el auto robado a tiempo para abordar el transporte público con su botín.

El grupo que constituye otra clase de ladrones que operan a pie, es el que se especializa en desvalijar los autos dejados en los estacionamientos. Ahora bien, contra la creencia de los agentes en cuanto a que este tipo de delincuente acostumbra entrar a los estacionamientos por el callejón vecino que generalmente limita estos sitios o bien por la parte posterior del lugar, se comprobó que, conocedor de que la policía patrulla los callejones y mientras más tiempo permanezca en ellos llamará más la atención; es probable que se le someta a interrogatorio y se le pida explique su presencia en tales lugares e incluso lo sometan a cacheo; procura evitarlos. Más aún, siempre procura entrar al sitio por el frente, aunque en ese momento no puede evitar cierto movimiento involuntario que lo delata ante el observador experimentado.

La mayoría de los que regresan a recoger su vehículo llevan la vista fija en el interior del local, buscan automáticamente su auto, preguntándose si lo cambiaron de lugar, si estará en buenas condiciones, etc., todas ellas reacciones lógicas. Sin embargo, esto no sucede en el caso del ladrón. Se estudió que no pueden entrar a estos lugares sin antes echar un vistazo de soslayo hacia la calle. Este ademán involuntario debería ser motivo de sospecha por parte de cualquier agente o vigilante de la policía.

Una vez en el estacionamiento, el ladrón no se dirige directamente a determinado vehículo. Acostumbra caminar sin prisa por el pasillo central mirando en todas direcciones para darse cuenta de lo que hay.

De momento, quizá alguna persona maniobre para estacionar su auto o para llevárselo: posiblemente alguien ocupe tal o cual vehículo y converse con otra persona o actúe amorosamente y, por supuesto, siempre existe la probabilidad de que algún agente esté al acecho.

Esta caminata le permite investigar si alguno de los autos está bien provisto de prendas o efectos, en cuyo caso acorta bruscamente su viaje de inspección.

Al llegar al fondo del estacionamiento o al callejón que, como dijimos, generalmente limita estos lugares, y al darse cuenta de que no corre peligro de ser observado, vuelve a recorrer el local. En esta ocasión, lo probable es que lo haga furtivamente, que camine agachado y se resguarde entre los demás autos para evitar que se distinga su silueta desde la calle o sea visto por los vigilantes del lugar. Uno de estos ladrones, acostumbraba operar arrodillado evitando así que sobresaliera su cabeza por las ventanillas del vehículo, desafortunadamente para él, olvidó que se le podían ver los pies…

En vista de que este tipo de maleante debe frecuentar los estacionamientos más o menos oscuros o bien atisbar desde los callejones adyacentes a los mismos, durante un tiempo razonable, se hace necesario someterlo a un cacheo, registrarlo y proceder a interrogarlo con firmeza, más que en el caso de otro tipo de delincuente. Como lo sabe, procura no llevar consigo ninguna herramienta. En ausencia de ésta, confía en localizar una piedra, botella vacía, ladrillo o algo similar con lo que pueda romper el cristal de la aleta. Si no encuentra nada, golpea con fuerza o recurre a la vieja treta del codazo. Estos robos “con rotura” siempre ocurren en circunstancias muy similares a las descritas en los estacionamientos que tienen poca iluminación. De igual manera el ladrón ambulante que opera en cierta sección de la ciudad, en la que las calles son oscuras y están generalmente desiertas, recurre a este método en lugar de usar su herramienta. Esta clase de delincuentes escoge su botín en la misma forma que el que roba en las calles y por las mismas razones. Después de reunir su botín, procura evitar la salida del callejón y sale directamente del local, ganando la acera y audazmente se aleja dando la impresión de que es el dueño de lo que lleva consigo.
Es casi seguro que también aproveche los medios públicos de transporte para huir con los objetos robados.

Existe también un tipo bien definido de malhechor que opera en los estacionamientos y que vale la pena mencionar. Nos referimos al conocido como el falso ayudante o empleado del lugar. Desafortunadamente, varios de ellos y muchos de los que en tales sitios han trabajado son ladrones. Son individuos que están muy familiarizados con la rutina y horas de servicio en el estacionamiento. A veces trabajan en un lugar y roban en otro. En muchas ocasiones “apuntan” a los ladrones los autos bien provistos de objetos de interés. Sin embargo, este tipo de delincuente es el más vulnerable para los agentes de la policía que conocen bien su distrito y la “gente que pertenece al mismo”.