Evita ser engañado

Citaremos a continuación el caso de un falso ayudante de estos estacionamientos cuya desfachatez nos ilustra sobre cómo operan los delincuentes en estos lugares.

Unos agentes especializados en este tipo de vigilancia observaron a un hombre que “regresaba a su trabajo” en el estacionamiento después de que había sido cerrado al terminar el día. Llevaba una silla de lona bajo el brazo. Se dirigió al tablero de fusibles eléctricos que habían sido quitados por el dueño antes de marcharse y sacó de su bolsillo un juego de fusibles para encender las luces del lugar, y así dar la impresión de que dicho estacionamiento estaba abierto a la clientela.

Se acomodó en su silla a la entrada del lugar y aguardó a que llegaran los “incautos”. A todos los que lo hacían les pedía dinero, dándoles sus correspondientes recibos que había obtenido de alguna manera y les decía que dejaran las llaves de sus vehículos. Cuando recibió unos seis vehículos, abrió con toda tranquilidad las cajuelas. Así pudo robar todo lo que había en ellas, cargó su botín en uno de los autos dejados a su cuidado y se alejó del lugar después de apagar las luces. Los vigilantes lo siguieron hasta el sitio en que ocultaba sus botines. A continuación, el sujeto volvió al estacionamiento y dejó el auto en el preciso lugar que antes ocupaba. Durante el tiempo en que se había dedicado a “operar el estacionamiento” tuvo la precaución de preguntar a los clientes la hora en que pensaban regresar por su vehículo, pregunta rutinaria en estos lugares, y así pudo trabajar sin ser sorprendido. Hubo, por ejemplo, clientes que le informaron iban al cine y, por lo tanto, el ladrón pudo calcular la hora en que habrían de regresar.

Con base en los métodos usuales de investigación, es muy difícil
combatir este tipo de delitos, porque las víctimas no se dan cuenta del despojo sino después de transcurrido algún tiempo, cuando tienen oportunidad de abrir las cajuelas de su auto. Cuando esto sucede y descubren el robo, no tienen la menor idea de dónde pudo acontecer.

No obstante, lo anterior, este tipo de delincuentes sí es vulnerable para agentes de la policía familiarizados con los vecinos del barrio, con los encargados o empleados que deben dar servicio en tal o cual lugar y porque vigilan siempre estrechamente los estacionamientos abiertos al público, especialmente fuera de las horas normales de servicio.

Dentro de la segunda clasificación de ladrones de objetos en vehículos, según anotamos en un principio, está el que opera con su propio vehículo. En dicho grupo podemos encontrar al “ladrón de altos vuelos”, al aristócrata de la profesión, el que vive a base de fuertes ingresos, el que está bien organizado con su red de contactos y compradores de objetos robados y que siempre está relacionado con ladrones de alta escuela.

No por esto pretendemos restarle importancia a las ganancias del ladrón ambulante común y corriente que puede enajenar más objetos que los que se le encuentren. Dos de nuestros investigadores especializados atraparon a un ladrón de este tipo tras verlo desvalijar un automóvil en el mismo centro de la ciudad y encontrarlo en posesión de un abrigo de mujer. Por su forma de operar, no tuvieron la menor duda de que se trataba de un ladrón profesional. Cuando fue arrestado, como la gran mayoría de estos delincuentes, afirmó no tener un lugar fijo de residencia. Juró estar de paso y vivir en diversos cuartos de hotel sin tener preferencia por alguno en particular. Casi todos estos maleantes procuran por todos los medios ocultar sus direcciones; algunos viven en tal o cual habitación que mantienen limpia y ordenada y en la que lógicamente no guardan prueba alguna de sus robos, pero siempre tienen otra en la que almacenan temporalmente su botín.

Esto es algo que los investigadores deben tener muy presente. Es indispensable que los detectives efectúen un registro escrupuloso y se enteren de todos los documentos, cartas o artículos que encuentren en los lugares de estos delincuentes infractores, lo que quizá pueda proporcionar una pista para localizar la verdadera madriguera en algún cuarto anónimo de la localidad. En el caso que venimos refiriendo, después de una semana de pesquisas, pudieron arrestar al delincuente en el sitio en que se ocultaba y guardaba sus botines. Después de registrar el lugar, encontraron varios efectos identificables, así como documentos robados en el interior de un gran número de vehículos y cuyo valor llegaba a los 35,000 dólares… Hay que considerar que, a pesar de todo, este sujeto fue arrestado por el simple robo de un abrigo, lo que para los agentes sólo constituía un robo, por la que quizá se le hubiera clasificado como un ladronzuelo. Además, debemos citar que dicho delincuente acababa de salir de la penitenciaría del Estado unas semanas antes de ser aprehendido por este robo.

No obstante, el ladrón que dispone de un vehículo para cometer sus fechorías probablemente es más capaz de fraguar operaciones de cuantía. Por regla general los que se catalogan en esta categoría, se localizan en dos diferentes sectores citadinos. Para averiguar en cuál de los dos actúan, todo depende de la hora del día en que el ladrón decida operar, así como el tipo de mercancía por la que demuestra especial predilección. Si acostumbra trabajar cerca de la medianoche, se le encuentra en los barrios de la ciudad en los que abundan los centros de reunión, tales como teatros y sitios para eventos deportivos: juegos de béisbol, encuentros de box o de futbol, y en los que no sólo se sabe que hay un gran número de autos estacionados, sino la hora aproximada en la que regresan sus dueños a recogerlos. Los investigadores pueden prever cualquier ola de atracos cuando se trata de esta clase de espectáculos públicos, o bien, convenciones o reuniones de socios para tal o cual evento.

En la ciudad de Los Ángeles, los detectives tuvieron éxito al arrestar a buen número de maleantes al enterarse de la fecha de ciertas convenciones médicas y las de algunas organizaciones locales. En esa ocasión se ejerció una vigilancia especial al comprobar la afluencia de tipos indeseables, drogadictos y vendedores de narcóticos. Estos viciosos parecían dedicarse al robo de los maletines (y su contenido de narcóticos) que los doctores dejan habitualmente en sus automóviles.

Si el ladrón opera a horas avanzadas de la noche o en la madrugada, se le encuentra en las zonas residenciales de la ciudad, especialmente en las que abundan edificios de apartamentos y hoteles; sobre todo en estos últimos donde se alojan turistas y vacacionistas. El turista es la víctima favorita de estos delincuentes. Es común que tales viajeros dejen en el interior de sus vehículos sus objetos personales, ropa, equipaje, bolsas con palos de golf, cámaras fotográficas, etc., objetos que el ladrón puede llevarse en cuestión de segundos, con menos riesgo de
que se le arreste y condene. Muchos de estos delincuentes desvalijan solamente los autos con matrícula de otros Estados.

Las zonas de hoteles y apartamentos ofrecen al maleante abundantes oportunidades. Todos los agentes saben bien que, en estos sitios y calles adyacentes, los automóviles quedan estacionados muy cerca unos de otros. Muchos de estos ladrones son delincuentes solitarios que operan en la madrugada. Generalmente se interesan en dos cosas: autos bien provistos de objetos interesantes o en algún tipo de accesorio.

En este último caso, el ladrón trabaja por pedido del comerciante de piezas robadas quien le especifica el accesorio en que se interesa.

Un ladrón fue arrestado aprovechando esta coyuntura. Los agentes de la policía hicieron correr la noticia de que se necesitaban cinco radios para autos Chrysler y uno para Ford. El ladrón se enteró y cumplió con el pedido: se presentó con seis radios para Chrysler y varios otros para Ford, así como con otras mercancías con valor de unos 800 dólares.

Estos delincuentes acostumbran pasar revista a los autos estacionados en busca de la mercancía que les interesa. Si se trata de equipajes, ropa, etc., fijan su atención en los autos bien provistos de estas prendas; en caso de algún accesorio, están pendientes de los autos que lo llevan.

Por ejemplo, si tienen solicitud por radios Mopar, un producto de la Chrysler, buscan algún sitio en que se hayan estacionado tres o cuatro de los últimos modelos Chrysler, Plymouth o Dodge, que no estén muy alejados unos de otros.

Después de localizar la mercancía que le interesa, el ladrón acostumbra recorrer la zona o sector por segunda vez. En este segundo recorrido de inspección observa con todo cuidado a la gente que transita por ahí y las razones de su presencia en el vecindario. Si descubre alguna patrulla en la cercanía, procura asegurarse en qué dirección se desplaza para evitar el peligro de que interfiera en su trabajo durante los últimos minutos que necesita. Si hay algún agente de a pie, se cerciora igualmente de todos sus movimientos.