Identifica y evita a un desvalijador de autos.

Como mencionamos en anteriores artículos, sabemos que los desvalijadores una vez que identificar el automóvil de su interés tienden a retirarse y regresan para verificar que la zona está libre para sus propósitos, regresa al sitio escogido para cometer el delito y procura estacionar su vehículo lo más cerca posible de los autos seleccionados. Si no encuentra lugar apropiado (evita estacionarse en doble fila para no llamar la atención) deja su auto en la entrada de cualquier residencia vecina, con las luces apagadas, para dar la impresión de que se trata de su propio garaje, o de algún vehículo propiedad de inquilinos cuando es un edificio de apartamentos, con entrada particular. Este tipo de ladrón es sumamente cauteloso y astuto. No deja nada a la suerte ni se aventura sin asegurarse primero. La mayoría de los detectives saben por experiencia que en esta etapa de la operación muchos delincuentes usan un catalejo o unos gemelos. Escudriñan cuidadosamente el área de autos estacionados para confirmar si hay alguna persona en el interior, es decir, de los antes escogidos durante su viaje de reconocimiento. Está al tanto de si el vecindario es “fichado” por una u otra razón como teatro de previos asaltos, la patrulla acechará su paso oculta en un sitio apropiado. Es lógico suponer que de menos pueda descubrir las cabezas de los vigilantes y decidir la conveniencia de verificar la situación. Si localiza alguna pareja de enamorados en el interior de uno de los autos, procura asegurarse de que estén lo suficientemente ocupados para no prestar atención a sus movimientos. Finalmente, si todo marcha a satisfacción, procede a operar con rapidez y suavidad.

Hace algunos años la policía insultó inadvertidamente a un ladrón de objetos en los vehículos diciéndole que no lo creía capaz de robar un aparato de radio en menos de cuatro minutos. Tras cuidadosas observaciones, los especialistas en vigilancia comprobaron que a un buen ladrón le toma menos de tres minutos desde el momento en que abandona su vehículo, entra al de la víctima, quita el radio y se lo lleva.

Después de apoderarse de la mercancía y regresar, rara vez deposita su botín en los asientos, prefiere ocultarlo en la cajuela. Hay una buena razón para ello, en toda ciudad bien patrullada por la policía ningún individuo puede manejar a horas tempranas sin que se le detenga y someta a interrogatorio. Cuando en estos casos, los patrulleros detienen un auto, que suponen es de un ladrón, por lo regular se encuentran con una persona educada, bien vestida y dispuesta a cooperar; quien viaja en un vehículo limpio, de modelo reciente y cuidado.

La documentación del individuo coincide con la matrícula del auto. Todo está en orden. El sujeto parece ser un ciudadano respetable y no manifiesta enojo. Después de confrontar la identificación personal con la licencia de manejo y de no encontrar nada sospechoso al revisar en el interior del vehículo, parece innecesario y embarazoso exponerse a una crítica si se le obliga a que abra la cajuela. Esto ocurre con muchos ladrones a quienes se les detiene e interroga, pero no se les arresta.

La mayoría de estos delincuentes profesionales prefieren trabajar individualmente. Sin embargo, hay ocasiones en que la ayuda de un socio es muy valiosa y trabajan en equipo. Durante las primeras horas de la noche, cuando el tráfico de transeúntes y vehículos es más intenso, y cuando cualquier movimiento sospechoso puede notarse, los ladrones recorren la zona sin apresurarse hasta encontrar lo que buscan. Entonces, uno de ellos abandona el auto, y para no llamar la atención si se estacionan en doble fila, el otro da la vuelta a la manzana mientras éste se introduce en el vehículo seleccionado. Cuando el conductor del auto vuelve al lugar, bastan unos cuantos segundos para pasar la mercancía de un auto al otro.
En las primeras horas de la mañana, especialmente en las zonas bien patrulladas, en que por rutina se detiene e interroga a los sospechosos, los ladrones emplean dos vehículos. Las prendas robadas se cargan en uno de ellos y el otro se conserva “limpio”. El auto cargado con el botín se aleja a corta distancia de la escena del robo. Estos delincuentes prefieren dejar sus autos en los estacionamientos cercanos a los teatros, mercados, etc., donde se permite el libre estacionamiento durante un tiempo razonable, no se paga por ello y no hay empleados que se encarguen de vigilar. Estacionan el auto cargado, lo cierran y se alejan en el otro que no lleva nada. De esta manera evitan ser sorprendidos con el botín durante una inspección rutinaria. Vuelven al día siguiente en horas de actividad normal, cuando es muy remoto que alguien sospeche llevan una carga de mercancía robada, la cual finalmente transportan al lugar previsto para “colocarla”.

No es raro que en otros tipos de delitos también se usen dos vehículos. El método no es exclusivo del ladrón de objetos en los vehículos, sino que es empleado con éxito por toda clase de delincuentes, asaltantes, etc., de hecho, es muy común entre los maleantes que tienen que trasladar mercancía robada o de contrabando al amparo de las horas tranquilas de la noche. Uno de los vehículos cargado con el botín toma por la calle seguido a corta distancia por el otro. Cuando parece que la auto patrulla manifiesta interés en el vehículo cargado, e intenta detenerlo por un motivo cualquiera, el auto que va a la zaga hace lo imposible por llamar la atención de la policía e incluso culmina su comedia instigándola a que lo persiga. Como es natural en estos casos, los agentes siguen al que parece más sospechoso, lo que confirman cuando dicho vehículo trata de huir. Si logran alcanzarlo, encuentran los documentos e identificación en perfecto orden, no hallan nada que pueda sugerir que se trata de un delincuente ni del producto de algún robo; más aún, el conductor explica sus movimientos de una manera plausible. Ordinariamente sucede que mientras se le interroga a fin de encontrar algo para levantar una infracción, el vehículo cargado sigue su camino sin que se le moleste.

Entre los ladrones que trabajan en equipo también se encuentran los que operan interesados en camiones de reparto de toda clase de mercancía, así como entre los vendedores que salen a cubrir su ruta.

Estos delincuentes “dan el golpe” durante el tiempo en que el conductor o vendedor abandonan el vehículo para hacer una entrega o efectuar una venta.

En esta exposición no se han descrito aún los movimientos de todos los tipos de ladrones de objetos en los vehículos, incluso al describir adecuadamente los casos citados como ejemplos; es decir, si éste fuera nuestro propósito, hemos fracasado. En realidad, no hemos intentado referirnos a ellos porque aun cuando lo hiciéramos con todo cuidado, seguiría siendo de poca significación para el agente de policía. Lo que intentamos fue ilustrar simplemente la forma de usar un patrón de reconocimiento aplicable de una manera general a los tipos más comunes de estos delincuentes. Todo lo que se puede hacer es señalar los procesos mentales indispensables en estos casos y sugerir la forma de abordar el problema con los elementos con que tuvieron éxito algunos agentes del cuerpo policiaco. Una vez que el agente aprende a pensar conforme a estos lineamientos y a someter sus problemas de identificación de algún delincuente a este proceso mental, dicho agente se auto educa y en corto plazo se convierte en hábil investigador cuyas dotes personales van más allá de lo que la mayoría de los demás agentes juzga posibles.

Tras esta breve disensión sobre la forma de aplicar el método de identificación al ladrón de prendas en los vehículos, debemos hacer notar que los puntos sobresalientes los constituyen esos ademanes y movimientos inofensivos, cada uno de los cuales, aunque aparentemente normal, debe ser manifestado en cierto grado por el ladrón debido a su relación con la actividad delictuosa que se propone desempeñar. Estos gestos o ademanes sobre los cuales el delincuente no ejerce completo control ocurren durante todas las etapas de su actividad; aun cuando ninguno de dichos ademanes represente un índice positivo que lo señale como ladrón, cada uno de ellos debería despertar suficiente atención por parte del observador adiestrado e inclinarlo a fijarse en actos subsecuentes. El conjunto de estas manifestaciones puede establecer un patrón. Este patrón es indicativo.

Sin embargo, debemos hacer resaltar que más importante que dicho patrón de movimientos, son las actitudes sutiles y el grado de interés que manifieste el delincuente y que constituyen, a su vez, un patrón abstracto.

La observación y el reconocimiento de este patrón o pauta en las actitudes e intereses, es resultado directo del reconocimiento inicial de algunos ademanes del sospechoso. Sin embargo, en la aplicación de este reconocimiento más sutil y abstracto radica la diferencia entre un investigador competente y uno mediocre.